29/08/2026
PERFILANDO #columna #Veracruz
NAHLE: ¡EL SAN PEDRO NO SE CIERRA!
Por Iván Calderón
“¡El Ingenio San Pedro no se cierra!”.
Así, sin rodeos.
La Gobernadora Rocío Nahle puso este viernes por escrito una decisión que hace apenas unas semanas parecía improbable para cientos de trabajadores, productores y familias de Lerdo de Tejada y de la Cuenca del Papaloapan.
El Gobierno de Veracruz prepara un decreto para crear un organismo estatal que asumirá la operación del Ingenio San Pedro.
Pero eso no es todo.
El próximo lunes comenzará la contratación para la compra de caña a productores, pertenezcan o no a una organización, sean grandes o pequeños; paralelamente avanzará el proceso laboral de los trabajadores y se preparará el mantenimiento de la factoría.
En diciembre, habrá zafra.
Y ahí está el fondo de esta historia.
Porque en Lerdo de Tejada no necesitan que nadie les explique qué significa que una industria azucarera deje de funcionar.
¡Ya lo vivieron!
El antecedente del Ingenio San Francisco es distinto al problema que hoy enfrenta San Pedro y sería simplista meter ambas historias en el mismo costal. Diferentes empresas, diferentes circunstancias y diferentes procesos.
Pero, la memoria económica de los pueblos también cuenta.
Y vaya que cuenta.
Cuando el San Francisco dejó de operar, el golpe trascendió las puertas de aquella factoría.
En 2014, autoridades municipales hablaban de alrededor de mil trabajadores afectados y calculaban que Lerdo había dejado de recibir una derrama aproximada de tres millones de pesos mensuales.
Unos años después la fotografía era todavía más dura.
En marzo de 2018, el entonces alcalde Hermas Cortés García describía públicamente una “crisis económica brutal”: hablaba de más de cien negocios cerrados y sostenía que la afectación había alcanzado aproximadamente 60 por ciento de la economía local.
El problema ya no era únicamente de los obreros.
Era de Lerdo y toda la región de la cuenca.
Por eso cuando hace unas semanas trabajadores, productores y familias salieron a las calles ante la incertidumbre alrededor del San Pedro, hubo una frase que resumió el miedo colectivo:
“No queremos que nos pase lo mismo que con el Ingenio San Francisco”.
Ahí está la clave.
No estaban hablando únicamente de fierros, molinos y chimeneas.
Estaban hablando de su historia, de su empleo, de su comercio, caña, de dinero circulando, del sustento de familias enteras.
Por eso, la decisión de Rocío Nahle adquiere una dimensión política distinta, pues la salida habría sido fácil, argumentando que se trataba de una empresa privada.
Convocar mesas, prometer “gestiones” y patear el balón como lo hicieron otros ex gobernadores.
Pero no, con el apoyo más alto de la federación Nahle decidió meterse al problema.
Primero sostuvo que el ingenio no debía cerrar. Después encabezó reuniones, involucró a su gabinete, llevó el asunto hasta el Gobierno Federal y ahora dio el paso que cambia completamente el escenario: preparar un decreto para que el Estado intervenga directamente en la operación.
¿Es sencillo?
No.
Porque ahora el Gobierno de Veracruz también se está echando encima una enorme responsabilidad.
Habrá que reparar, habrá que contratar, habrá que comprar caña, habrá que organizar, habrá que moler, y sobre todo habrá que cumplir.
Y Nahle lo está haciendo bien.
La propia Gobernadora informó que la empresa actual deberá concluir sus obligaciones laborales, liquidar a trabajadores sindicalizados y eventuales y cubrir sus compromisos antes de que comience la nueva etapa.
Después vendrá la contratación por parte del Estado.
Mientras tanto, desde el lunes comenzarán los contratos con los productores.
Todos. Organizados o independientes, grandes o pequeños.
Y quienes durante semanas no sabían qué iban a hacer con su caña ahora tendrán a quién venderle; quienes temían quedarse sin trabajo empiezan a tener una ruta y las familias que imaginaban otro golpe para la economía de Lerdo reciben, certeza sobre lo que sigue.
Durante años el campo cañero veracruzano aprendió una amarga lección: cuando una factoría entra en problemas, los últimos en enterarse de las decisiones suelen ser precisamente quienes viven de ella.
Productores y obreros terminaban peregrinando por oficinas públicas.
Ahí están los archivos periodísticos.
En 2014 trabajadores vinculados al San Francisco reclamaban atención gubernamental y advertían que la crisis alcanzaba a miles de familias. En aquellos años hubo protestas, cierres carreteros y reclamos porque las soluciones no llegaban con la velocidad que exigía una región que dependía económicamente de la actividad azucarera, y Peña Nieto y Javier Duarte los agarraron de pendejos, y los panistas también.
En septiembre de 2018 productores todavía solicitaban apoyo para intentar reactivar aquella factoría y denunciaban que durante la administración estatal que estaba por concluir habían buscado respaldo sin obtener una solución definitiva.
Pero insisto:
San Francisco es San Francisco.
San Pedro es San Pedro.
Nahle decidió no esperar a contemplar cómo se apagaban las máquinas.
“Hagan lo que tengan que hacer, pero el ingenio no se cierra”.
@IvanKalderon
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